La enfermedad del presentismo


¿TU EMPRESA PADECE EL SÍNDROME DE LOS GASES NOBLES?

Los gases nobles son un grupo de elementos químicos muy inactivos, tanto, que en un momento se creyó que eran completamente inertes. Una de sus propiedades es que tienden a ocupar todo el espacio disponible.

Vale, está muy bien el repaso a la química del colegio, pero… ¿qué es el síndrome de los gases nobles? Y sobre todo ¿qué tiene que ver con las empresas?

El síndrome de los gases nobles es algo que me he inventado para describir la cultura enfermiza de la presencia instaurada en muchas empresas, que hace que la jornada laboral se expanda hasta el mayor número de horas posibles.
Al igual que ocurre con los gases nobles, no por mucho que se extienda el horario laboral somos más activos o productivos, más bien es al contrario, la calidad de la actividad cerebral empieza a decaer una vez hemos sobrepasado el límite sano de tiempo trabajado.

¡Pobre de aquella persona que empiece su carrera profesional en una compañía que padece el síndrome de los gases nobles! Tendrá que vivir el duro proceso de adaptación que pasa por arrastrar un sentimiento mezclado entre la culpa y la vergüenza durante los primeros días, cuando considera que ha finalizado su horario de trabajo y comete el error de abandonar su silla. Es entonces cuando los demás le observan con cierto desdén y le miran con los ojos acusadores de un cuerpo anclado a la silla y al ordenador que transmiten: ¿YA te vas????

Al cabo de un tiempo esta persona tiene dos opciones. Puede desarrollar con esfuerzo una inmunidad a este síndrome, perdiendo posibilidades de promoción a medida que va generando defensas, o lo más fácil, acabar sucumbiendo y mimetizarse tanto con el ambiente hasta convertirse en alguien más que considera poco profesional pasar en la oficina 40 horas semanales.

Hace un par de semanas leí un artículo titulado “Para trabajar hasta tarde” donde se describían oficinas muy lujosas para pasar las horas más placenteramente, de ahí el nombre del artículo, con ejemplos tan extravagantes como la instalación de un jacuzzi en el despacho de un directivo.
Creo que el título es un error, pero argumentar la motivación para pasar más tiempo en la oficina con tanto dispendio me parece una barbaridad en el momento socioeconómico actual. Me impresiona mucho más leer noticias de empresas que innovan en la gestión de personas con tecnologías e iniciativas que promueven medidas de conciliación o que persiguen la felicidad para aumentar la productividad.

La crisis económica, las tasas tan elevadas de paro, la nueva reforma laboral y en especial, el miedo que generan estas circunstancias, ha provocado un aumento drástico de esta enfermedad de la presencia, lo que acaba convirtiéndose en un círculo vicioso muy difícil de romper.

Casi todas las empresas tienen algún trabajador zombi, es decir, un trabajador que está de cuerpo presente y de mente ausente. Pero lo peor no es que no se busquen soluciones para devolver a los trabajadores zombis a la vida laboral, motivarles e intentar generar un clima laboral que impida el despido interior. Lo peor sin duda alguna, es que muchas organizaciones prefieren tener casos de despido interior controlados a implantar medidas de flexibilidad laboral y de conciliación.

Es alentador comprobar que progresivamente se empieza a investigar y desarrollar programas de conciliación, de gestión del compromiso, de felicidad, etc. que redundan en una mayor productividad y en una relación de ganar-ganar entre empresa y empleado. Pero lamentablemente esto choca frontalmente con una realidad donde sigue habiendo empresas con modelos de gestión de estilo taylorista, verdaderos ejemplos del síndrome de los gases nobles, organizaciones muy rígidas y piramidales, donde el liderazgo se impone mediante el miedo o a golpe de organigrama.

Eduard Punset define la felicidad como la ausencia de miedo. No me extraña que haya tantas personas infelices en su trabajo, teniendo en cuenta el número de directivos y mandos intermedios para los que el miedo es la base de su liderazgo.

Margarita Álvarez de Zabalza, directora de Marketing y Comunicación de Adecco, Fundadora del Instituto de la Felicidad, y ex directiva de Coca-Cola dice que la felicidad siempre ha estado muy mal vista en el mundo empresarial.
No sé si ha estado tan mal vista como ella cuenta pero sí creo que no ha gozado de un gran número de fans y que incluso en la actualidad sigue teniendo demasiados detractores.

Las organizaciones felices son más innovadoras, motivan más a los empleados, aseguran un entorno saludable de trabajo y se adaptan mejor al entorno.
El capital humano es el que domina el negocio y por tanto quien tiene la clave para mejorarlo o reinventarlo.
Hemos leído y oído mucho acerca del salario emocional como variable retributiva. La conciliación es una de las claves más importantes de esta retribución no económica que va ganando posiciones.
Nadie cuestiona que la retribución económica sea importante, pero finalmente se ha demostrado que no tiene tanta incidencia en la motivación de los empleados como el salario emocional.

Es rentable trabajar por el bienestar físico y mental de los trabajadores.

La cultura de la conciliación es una de las mejores herramientas de gestión de personas para las empresas y esto es gracias al éxito de las 3 Cs:

Compromiso del capital humano: lo que aporta valor a una organización.

Confianza: el compromiso sólo puede obtenerse a través de la confianza que se genera entre la empresa y los trabajadores.

Corresponsabilidad: para el buen uso de las medidas de conciliación sin que se desvirtúen ni se produzcan abusos, debe hacerse un uso responsable de las mismas por parte del trabajador y de la empresa.

La conciliación aumenta la felicidad de un profesional y a mayor felicidad mayor productividad, pero…
Si la fórmula es tan fácil ¿por qué no se ha extendido su uso?

En ocasiones porque la empresa tiene el síndrome de los gases nobles, en otras porque simplemente no se cree en una forma de gestión empresarial más humana, que trate a los profesionales como personas y que se preocupe por atender sus necesidades.
Una excusa que se suele poner con frecuencia es la complicada situación económica, algo absurdo puesto que existen muchas medidas de conciliación low-cost y otras que incluso pueden reducir costes, como el teletrabajo.

Es mucho mejor que haya menos horas de presencia en las empresas, pero más productivas.
Busquemos maneras de generar entornos profesionales para que los trabajadores puedan ser más felices y comprometerse más con su trabajo.

¡Vamos a inmunizarnos contra el síndrome de los gases nobles!


"Set me a task in which I can put something of my very self,  and it is task no longer; it is joy; it is art"
William Bliss Carman, The Kinship of Nature (1903). The Art of Life